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Retos del transporte: la conducción autónoma

El futuro ya está aquí, y se conduce solo. En 2030 los camiones autónomos habrán reemplazado a los tradicionales.

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Los continuos avances tecnológicos en robótica, drones y electrónica han propiciado que la conducción autónoma esté pasando de ser una imagen de película de ciencia ficción a una realidad. Pero, ¿cómo afectará esta nueva forma de conducir al mundo del transporte?

Ya se están realizando las primeras pruebas con camiones sin conductor, y tanto Otto como Tesla, Mercedes Benz y Volvo cuentan ya con sistemas que permiten que el vehículo tome las riendas de la conducción. Pero ojo, estas pruebas sólo se están realizando en autovía y autopista, que son los escenarios en que la conducción autónoma se puede realizar de forma segura. En tramos urbanos con presencia de peatones o ciclistas, intersecciones, adelantamientos y en vías de doble sentido, sigue siendo necesario la participación del humano, su experiencia y su destreza.

Por las pruebas que se están realizando, la experiencia de conducir un camión se equipararía bastante con la de los pilotos de los aviones, que cuentan con sistemas asistidos pero cuya presencia sigue siendo imprescindible en la cabina.

Eso sí, la implantación de esta tecnología parece imparable y se calcula que en 2015 los camiones autónomos serán algo normal y en 2030 habrán desplazado a los tradicionales, según la revista Transporter.

Ventajas

La principal ventaja del camión autónomo es la eficiencia a distintos niveles. Por un lado, en el consumo de combustible, así como en el impacto medioambiental. Dado que detrás del 90% de los accidentes se esconde un fallo humano, la seguridad se vería incrementada.

Aplicado a la logística del transporte, se reducirían los tiempos de descanso y se podría tener el vehículo en funcionamiento las 24 horas, una forma de abaratar costes cuando el precio del combustible y de los vehículos sube.

Incógnitas

Pero la conducción autónoma plantea otras incógnitas, relacionadas sobre todo con los planos administrativo y laboral. ¿Qué papel deben jugar los conductores? Evidentemente su labora seguirá siendo necesaria pero variará su forma de trabajar y necesitarán un reciclaje formativo. Otras preguntas que se formulan son: ¿Cómo adaptar el sistema asegurador? ¿Quién será el responsable de los accidentes? ¿Cómo se organizarían los descansos en la carretera?

El precio es otro de los problemas a los que se puede enfrentar el vehículo autónomo para su implantación, ya que la tecnología necesaria implica un importante aumento de los costes.

Legislación

Uno de los principales escollos con los que se encuentra ahora mismo esta tecnología es la legislación. Actualmente, se encuentra en vigor el Convenio de Viena de 1968 y la norma europea en él inspirada UN/ECE R 79. Así, y según se indica en Autonoción,  “permite solamente intervenciones correctivas en la dirección del vehículo, pero no un control autónomo de ésta a velocidades mayores de 10 km/h”.

Hay que comentar que Estados Unidos no firmó el Convenio de Viena, por lo que algunos de sus estados fueron los primeros en legislar sobre la conducción autónoma. En algunas de sus carreteras, y con un permiso especial, ya se pueden ver circular este tipo de vehículos.

En marzo de 2016 la Comisión Europea de las Naciones Unidas (UNECE), modificó el tratado para añadir este párrafo que suponía abrir la puerta la puerta a la conducción autónoma: “Desde ahora, los sistemas de conducción automatizados serán explícitamente autorizados sobre las carreteras, a condición de que estén conforme a los reglamentos sobre vehículos de Naciones Unidas o que puedan ser controlados o desactivados por el conductor”.

Los estudios avanzan hacía la legislación de las funciones de dirección, asistencia en aparcamiento, autopilotaje en carretera y la velocidad máxima permitida bajo la autonomía total (que será baja y en zonas restringidas).

¿Cuáles son los niveles de la conducción autónoma?

Existen dos escalas para medir la autonomía de un vehículo, pero nosotros aquí vamos a contaros la europea, la norma J3016 elaborada por la Sociedad de Ingenieros de Automoción (SAE).

Nivel 1.- La conductor está asistido por un ordenador que gestiona la velocidad o la dirección. Es capaz de frenar si nos acercamos al vehículo que nos precede o acelerar con seguridad. También entraría el sistema de mantenimiento de carril.

Nivel 2.- Automatización parcial con supervisión, como el asistente de aparcamiento automático o el Autopilot de Tesla.

Nivel 3.- Automatización sujeta a situaciones concretas. Un ejemplo práctico sería la automatización en atascos, que permite al conductor delegar la conducción en el sistema y realizar otra actividad como leer o atender mensajes.  

Nivel 4.- El conductor es sustituido en determinadas situaciones. Como ejemplo, el aparcamiento a distancia del BMW serie 7.

Nivel 5.- El conductor no es necesario con desplazamiento autónomo del vehículo en cualquier circunstancia.

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